Aunque hace más de dos años de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, todavía queda mucho que hacer para subsanar el olvido y el silencio al que se vieron relegados los perdedores de la Guerra Civil. Jorge García firma un interesante artículo en el diario Público acerca de la escasísima atención que el teatro español sigue prestando a la II República, la Guerra Civil y la represión franquista.
Víctor Boira, autor e intérprete de La habitación 42, que narra cómo un hombre enterrado en una fosa común espera ser exhumado para poder reunirse con sus familiares, cree que el problema es que "el humor es lo que vende y es la forma en que los teatros intentan hacer caja, no buscan implicarse en temas sociales". El poeta Marcos Ana, encarcelado en los 60 por oponerse a la dictadura y autor de la pieza dramática Sino sangriento, suscribe por completo la opinión de Boira: “Los teatros no son más que un negocio". Aun así, no todos los males de los textos pasan por el dinero. Ana afirma claramente que "unir memoria y teatro es la asignatura pendiente de la cultura española".
José María Pedreño, presidente de la Federación Estatal del Foro por la Memoria, señala a los creadores teatrales como responsables de la desmemoria de las artes escénicas. "Los autores no tienen interés en implicarse en estos procesos. Además, las pocas obras que existen casi siempre las representan aficionados y ocasionalmente". Javier Yagüe, director de Cuarta Pared, señala: "No basta con escribir piezas fáciles, la Guerra Civil o la II República son temáticas inexploradas en el teatro español. Hace falta mayor liderazgo cultural". La solución y el reto radica, en su opinión, en "contar la historia mediante técnicas y formas más contemporáneas, no como un documento arqueológico".
Según el artículo, una de las obras que aborda estas cuestiones con mayor reconocimiento y más representadas en España, Soliloquio de grillos, de Juan Copete, es incapaz de adentrarse en las programaciones de las grandes salas y, en algunas ocasiones, hasta en los pueblos. Ana Trinidad, actriz de la compañía Tricliniu Teatro y una de las protagonistas del drama, cuenta que, a día de hoy, hay municipios que no consiguen superar el miedo que los atenaza y deshacerse de la mordaza con la que llevan conviviendo tantos años. "Los ayuntamientos temen que se represente porque creen que los verdugos estarían molestos".
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